Digámoslo en modo camusiano: el hombre es la fuerza que
todo lo crea y la fuente de nuestros valores. Esta es la
tensión de las humanidades, si dejamos que disminuya nos
condenamos a la vulgaridad y la indiferencia, en un
momento en que parece que todo es posible y que todo se
quema en la pira de la globalización.
En un momento en que el desarrollo tecnológico ha puesto
a disposición instrumentos de destrucción masiva, mirar
a otra parte, parapetarse en la ignorancia sería la gran
claudicación.








