Buenos días, tristeza

13,50 

Los múltiples y dispares comentarios que provocó la publicación de la entonces jovencísima Françoise Sagan coincidieron en que la obra era un producto de su tiempo: el ajustado testimonio de una forma de entender la existencia que iba a marcar de modo decisivo, en las décadas posteriores, una parte de la conciencia de los países occidentales.